HÔGEN YAMAHATA: Extracto de “En el Camino Abierto” (por publicar)

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“El zazen es el reconocimiento de la vida universal tal como es dentro de nosotros. Todos buscamos la vida eterna y la paz, pero eso está, milagrosamente, aquí dentro de este momento. La paz profunda no viene siempre de la inspiración, el conocimiento especial o la práctica; está presente en cada exhalación de la persona, en el profundo silencio de la no-mente.

El zazen es una práctica primordial, esencialmente la trinidad de cuerpo, respiración y mente; un zazen verdadero no aparecerá en nosotros hasta que la postura sentada, la respiración y la mente se ajusten correctamente. La práctica diaria, la determinación despierta y las enseñanzas producen esta trinidad del zazen. Debemos sentarnos con la espalda recta y respirar con calma, dejando los pensamientos, tal como son, ir y venir como nubes en el cielo. Los ojos se posarán en el suelo ante nosotros sin mirar a nada; todas las cosas alrededor nuestro serán reflejadas tal como son. Cuando no nos focalizamos dentro o fuera de nosotros, tenemos “ojos en las diez direcciones”, y somos libres de cualquier cosa.

Respirar es el ritmo del universo; eso nos despertará a la verdad de que no hay nada, salvo la respiración del cosmos dentro de todas las cosas, que viene de un origen inmaculado.

Nos sentamos en zazen en medio de las mil distintas tareas diarias y podemos descubrir lo que dentro está naciendo, de nuevo, a cada momento, el dios de esta realidad presente sin tiempo (Aquí-Ahora). Y, a la vez, no hay cosas distintas; todo está en el torrente principal de la vida. Pero hay una escisión entre el hombre y dios cuando el hombre actúa por intención propia. Sentarse y sólo sentarse, sin la mente de uno, es la auténtica manera de sentarse.”

“La vida directa y natural es descrita por los antiguos maestros así: “Cuando de verdad no tienes nada, todo es abundante y sin límites, tal y como realmente es.” La verdadera vacuidad de la fuente original de la vida es realmente cuando nos hundimos bajo las diversas capas de lo consciente y subconsciente. Incluso aquí, más abajo, yace otra barrera más que atravesar, siempre otra más.

Hasta la no-mente puede ser una barrera si la tomamos como un estado fijo. Por supuesto, no es fácil dar este último paso, especialmente para el intelectual. No obstante este paso debe darse sin esfuerzo consciente. Los antiguos maestros hablaban de “dar un paso más allá de lo alto del poste de treinta metros”. Esto significa que no hay paso que dar porque estamos ya “aquí”, “aquí” donde no hay ningún sitio adonde ir, donde sólo tenemos el “ahora”. A esto lo llamamos “simplemente sentarse” (shikan taza). No “hacer nada”, con total conciencia del Aquí-Ahora, es, sin embargo, el auténtico paso adelante. Y, ¿a dónde nos lleva?. A la no-separación; una respuesta natural y espontánea a todo el mundo y todas las cosas que encontramos. Ahora somos realmente el cosmos entero a través del tiempo y del espacio. No hay una diferencia perceptible entre el antes y el después del paso “más allá”, el cambio esencial es que no nos apeguemos más a ningún paso, a no tener “ningún paso” más que dar.
La auténtica vacuidad no tiene religión, secta o doctrina. Mientras nos aferremos a los conceptos, incluso aquellos sobre la iluminación, el Buda o el Camino Abierto, estaremos aún atrapados en nuestra conciencia, y la auténtica compasión no podrá emerger. La auténtica acción compasiva viene de más allá de la conciencia individual. No puede ser producida o motivada por deseo personal.
Cuando estamos continuamente muriendo y naciendo de nuevo, no hay nada en nosotros que quede por ser vaciado. Somos libres de trabajar o sentarnos incondicionalmente. A esto lo llamo el auténtico trabajo del samadhi; todo es el trabajo de la verdadera vacuidad.”

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HÔGEN YAMAHATA
Extracto de En el Camino Abierto (por publicar)

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Fuente: Jikoan